Aterrizaje (el vigésimo capítulo)

De acuerdo, maestro, finalmente te he terminado de contar mi saga con las drogas. Después mis padres regresaron de Texas y al final de cuentas pude volver a descansar a la gran tina de su pomposa casa. Mi aventura con las drogas había llegado a su fin. O casi.

Debo contarte que Arizona es un estado donde la mariguana medicinal es legal. Puedes conseguirla en unos lugares parecidos a las farmacias que llamamos “dispensarios”. Gracias a mi diagnóstico de TEPT, me dieron una tarjeta con la que podía consumirla con fines terapéuticos. En 2020 la usé cuatro veces. No la fumo. Prefiero comerla en forma de las gomitas. Ya que cuando estoy mariguano no puedo comportarme como un adulto, normalmente solo como un poco antes de irme a dormir. Lo hago durante una semana, unas veces al año. Me ayuda mucho con la ansiedad, los síntomas de TEPT y las tendencias psicóticas que me dejó el cristal.

Desde el incidente en el Marriot no he usado otras drogas que no sean terapéuticas. Con el tiempo, los episodios psicóticos se volvieron menos frecuentes e intensos. Pero la experiencia con las drogas no fue algo que pudiera olvidar tan fácil. Fue más de lo que podía aguantar. Me impedía reconciliar mis experiencias con una vida racional.

Maestro, cuando tomas una droga y ves a un ángel, puedes simplemente decir que estás alucinando y el asunto termina allí. Pero si el ángel te pide que vayas a un lugar que no conoces y que allí verás a una niña que tiene siete rosas en su mano, y efectivamente vas a ese lugar para comprobar que se cumple todo lo que escuchaste, no es fácil sencillamente convencerte a ti mismo de que has visto una alucinación. Sí, Chaz y Haley eran timadores, pero este hecho no podía explicar todo de que había experimentado con ellos. Toda la experiencia fue algo sobrenatural, sin la clara evidencia de estar frente al principio de una alucinación o su final. Las cosas que obviamente eran bizarras se mezclaron con las explicables. Por si fuera poco, en mis vivencias no faltaron los temas profundos de filosofía. Simplemente no podía reconciliar todo eso con mi vida anterior.

Había otro problema. Las canciones de la chica electroquímica empezaron unos meses antes de los episodios de drogas. Y continuaron hasta septiembre de 2020. Por aquellos días Noah dejó de poner canciones en sus listas, debido a razones que explicaré después. Sin embargo, revisé sus listas este año (2021) y vi que había añadido más. Y, de hecho, añadió algunas canciones por última vez en marzo de este año. Solo hace un mes.

Aún tenía una relación con estas listas de canciones. Pero me sentí tan frustrado con todo que ya no quise poner más canciones en Spotify. En lugar de eso empecé a escribir poemas y cuentos cortos en mi sitio de blog.

En un correo anterior intenté describirte nuestro intercambio de canciones. Fue en uno de mis primeros correos. Recuerdas que odiaste ese correo. Dijiste que era excesivo. Absolutamente no fue un placer para ti leerlo. Pero solo había empezado explicar lo que vi en sus canciones. La mayoría eran fácil de atribuir a alguien obsesionado, interpretando todo según sus deseos y preconcepciones. Aunque en algún momento se presentó una canción que desafiaba esta comprensión. Mi correo solo tuvo la primera de estas canciones. Inmediatamente después de que Harold llevó a Noah a la policía, apareció una canción en su lista que decía que no debía preocuparme de la policía. Creo que fue la última que mencioné en mi descripción de canciones.

Pero había más. Cuando anuncié en Facebook que me iría a México, en su lista apareció la canción “Barrio” de Mahmood. ¿La chica electroquímica había empezado a escuchar canciones en español por pura casualidad? A veces era una canción en español o con un título en español de un cantante estadounidense como Cristina Aguilera o Jennifer Lopez. ¿De dónde salió su interés por la música latina, maestro? Por supuesto, el tema de las canciones siempre se relacionaba con aquello que acontecía en mi “relación” con ella. Uso comillas porque reconozco que nunca he tenido ninguna relación con ella. Solamente echaba a volar mi imaginación al rimo de nuestras respectivas playlists.

Además, a falta de una manera de contactarla, empecé a poner publicaciones en Facebook muy abiertas. Como si estuviera pensando en voz alta, pero por escrito en mis redes sociales. Cualquiera que revisara mi sitio de blog o mi página de Facebook podría saber prácticamente todo sobre mi vida, además de mis pensamientos más personales y privados. Sus canciones parecían ser la respuesta que mis varias publicaciones de Facebook y mis poemas y cuentos cortos en mi blog estaban buscando.

En mi blog describí mi cruzada por conseguir superpoderes para contactarla por medio de telepatía y en su lista encontré la canción “Telepatía” de Kali Uchis. Quién lo diría que se podía hacer el amor por telepatía. Es otra canción española. Hubo muchas canciones así, maestro. En general todas narraban a su manera aquello que tenía que ver conmigo, con nosotros.

Siempre he entendido tu escepticismo, maestro. Pero ¿recuerdas que te mostré algunas canciones que te hicieron pensar que tal vez sí estaba pasando algo, más allá de mis delirios? Por desgracia todo se hizo mierda con las drogas. Todo se rompió en mil pedazos, como un barco que se estrella contra un acantilado en medio de una tormenta sin faro. Estaba claro que había perdido la cordura, por lo menos transitoriamente.

A menudo mis desvaríos involucraban problemas con sexo tanto lícito como ilícito. Mi mundo era un escenario donde la neurosis de Harold defendía de mí a todas las mujeres que él conocía; sin olvidar el celo de Chaz de que yo robara su novia.

En general, me di cuenta de que me estaba deschavetando. Mi mundo anterior se había vuelto un reflejo perverso de mi psique. Cada día mi vida me ofrecía un amargo coctel elaborado con mis más íntimas sombras. Aclaro que no albergo ninguna esperanza de que la chica electroquímica haya llamado al Spotify para insistir que Tame Impala sonara una y otra vez en el auto, justo cuando me llevaban de urgencia al hospital porque había tenido un colapso mental. Mi mundo interior aparecía ante mí en canciones, amigos y vivencias. Por lo general, nada me parecía real. Mi vida era un sueño, y las canciones de Noah era una parte de esta locura.

No obstante, más o menos por un año continué mi relación con la lista de canciones de la muchacha holandesa. No podía convencerme de que las canciones no tenían ninguna conexión con nada. Era un diálogo completo y complejo. Y tenía una característica dominante: yo necesitaba hablar con la chica. Sus canciones hablaban de arrepentimiento, miedo de decir cosas, incapacidad de ayudar a alguien, enojo, decepción, dificultades de confiar en alguien, ansiedad… Cosas negativas en general. No era un romance de rosas y pasión, maestro. Pero tenía que saber qué putas estaba pasando y qué no. El diablo había hecho bien su trabajo: el contacto con Noah por medio de los poemas ya no era distinguible de las conversaciones que tuve con demonios, hadas que usaban a wiccanas  y a narcotraficantes como batas de baño.

Como dijiste, de mi parte, mis poemas expresaban una necesidad intensa de hablar con ella. Sobre todo necesitaba distinguir la realidad de mi sugestión. En mis escritos me refería a mi interacción con ella como algo real, pero siempre tenía la duda de que estuviera hablando con una persona real. Y si no, ¿con quien? ¿Era posible que los ángeles estuvieran inspirando a Noah para que pusiera ciertas canciones en sus listas? ¿O eran demonios? ¿O estaba hablando con el universo? ¿O con el inconsciente colectivo de Karl Jung? ¿O con Dios?

De hecho, maestro, lo importante para mí era simplemente saber quién era la chica electroquímica en realidad. Así podría interpretar mis experiencias. No era nada más que quisiera tener un amor romántico con ella. Y sí, maestro, siempre digo que la amo. ¡Y es la verdad! Pero nadie me ha preguntado jamás qué tipo de amor siento hacia ella, ni cómo se supone que este amor debería expresarse. El hecho es que podía tomar cualquier forma.

No quería sacarme de la cabeza la idea de que la verdadera Noah van Ouwerkerk estuviera hablando conmigo y que además estuviera sintiendo algo por mí. Pero como te dije de arriba, mi mundo era tan raro que no podía excluir la probabilidad de que todo fuera una ilusión, una tal vez con un significado profundo. Sin embargo, aun si hubiera sido cierta mi suposición de que la chica ardía en amor hacia mí, obviamente no me habría fugado con ella.

Mi amor por ella es real, pero es un amor hacia alguien que no conozco. Reconozco que todo mi contacto con ella había sido una lista de canciones. Aun así, decidí amar a la Noah real. Soy un estúpido. Decidí que era mi derecho como seguidor de Dios amar a cualquier persona que quisiera. El amor al desconocido es una virtud. También el amor al enemigo. Y todos los religiosos me aplaudirían si por casualidad escogiera a un hombre vagabundo y asqueroso como el recipiente de mi amor. Para ellos, escoger a una muchacha bellísima y absolutamente desconocida es muy escalofriante, maestro.

Además, las canciones son fascinantes. Revelan un carácter espectacular incluso si no tienen nada que ver conmigo. La compiladora de sus canciones, quienquiera que sea, es una chingona.

Sin embargo, no puedo tomar decisiones para alguien desconocido. No era mi esclavo de sexo. Mi amor a ella nunca tuvo la oportunidad de transformarse en algo específico. Nunca tomó la forma de un amor romántico, paterno o amistoso. Era un amor en estado embrionario, puro e indeterminado.

No hace falta decir que si hubiera tenido un romance con alguien con quien nunca había tenido una conversación — salvo las canciones en Spotify y los poemas en un blog —, habría sido un milagro. A veces intentaba de maneras convencionales explicar sus indecisión para contactarme. Me figuraba que tendría miedo que su familia descubriría algo. Ese: “No puedo hablar contigo porque mi papá no quiere”, me pareció absolutamente ridículo. Sin embargo, si en cambio me hubiera confesado su amor por teléfono, tampoco habría implicado que estaríamos juntos como novios para siempre o que nos hubiéramos casado.

Si me hubiera contactado para informarme que ella de hecho me odiaba, exactamente como me lo dijo por teléfono en septiembre de 2019, me habría aliviado mucho. Pero necesitaba creerle, maestro. No como aquella vez que básicamente su papá le había dado el teléfono para que me dijera que yo era un asqueroso, exactamente como él me había dicho horas antes. Es posible ayudar a alguien a escapar de un estado de locura con un poco de civilidad. Sí, necesitaba un poco de su tiempo. Un poco de amistad. Ello era el tema de muchos de mis poemas en mi blog.

En mis poemas escribí muchas veces que ella no debería ser como su familia si quería contactarme. Por supuesto que mi intención no era que ella se apartara de ellos. Para nada. No olvides, maestro, que mi propia hija, la fruta de mi alma y la perla de mi existencia, encontró a un hijo de puta de diecinueve años que la convenció de decirme a mí, a su papá, que me fuera a chingar a mi madre y que se iría con él, con Dan, con ese malhumorado, arrogante y resentido judío-alemán que siempre me odió. Por lo visto, mi hija no tiene un respeto para mí como el que Noah tiene para su familia. Te digo, maestro, el cáncer perfecto para una muchacha adolescente suele ser un muchacho adolescente. Te digo la verdad, amigo. Por cierto, reparé mi relación con mi hija, pero hay cicatrices. Sin embargo, puedo entender muy bien el dolor de una hija que arroja mierda en la cara de su papá. Nunca haré tal cosa con respeto a los Ouwerkerk.

En esos poemas quería decir que, en mi opinión, los Ouwerkerk solo se dicen cosas agradables para sí mismos. Ellos no se expresan directamente, envían señales e insinuaciones, y a veces reconocen las señales de los otros, pero en general la comunicación con ellos es respetuosa y convencional. En este contexto, para una niña es muy difícil decirle a su papá que quiere hablar con un viejo vagabundo y asqueroso, sin otra intención que la de ayudarle a sanar su mente. Requería de mucho valor, maestro. Opino que sería algo que un Ouwerkerk no diría nunca. No es una situación para civilizados, Vidal. Mis peticiones a Noah no eran para que se separara de su familia. Eran una súplica para que resistiera a las demandas y me ayudara a distinguir la fantasía de la realidad.

Maestro, los psicólogos dicen que una persona es solo un producto de su entorno y un miembro de su grupo. Según mi experiencia, esto es verdad en la gran mayoría de los casos. La gente cree que si su equipo de futbol gana será una buena persona, tendrá éxito. Y si su equipo pierde, será una mala persona y fracasará. El otro día dije algo malo en Facebook sobre un judío de quien leí algo en una noticia. Un amigo judío leyó la publicación y comentó una letanía de acusaciones en referencia a mi supuesto odio a los judíos y a Israel. Para ese güey un ataque a cualquier judío es un ataque contra él.

Sí, un individuo es un reflejo de su mundo exterior, pero a veces Dios nos da a nosotros la oportunidad de demostrar que podemos ser inspirados por algo desde otro lugar. Supongo que esto era lo buscaba de la chica electroquímica. Yo sé bien que no se supone que las muchachas hablen con los viejos, pero esperaba que una chispa divina la inspiraría a desafiar las expectativas del mundo. Al menos para ayudar a alguien a recobrar su cordura.

Solo necesitaba ser capaz de interpretar mis experiencias. Una noticia de su odio sería un regalo, maestro, asimismo, una noticia de su amor o incluso una noticia de su apatía. Desafortunadamente, había dicho que yo amaba a la chica, y para los religiosos “te amo” es un término muy extraño y aterrador. El amor al desconocido es una cosa incomprensible en nuestro mundo. El amor al vagabundo es un pecado. Y amar a un ex-monje demente es un pecado mortal.

Maestro, amaba a esa chica tanto como Harold la ama, pero solo le pedía ser su amigo de Facebook. Supongo que existe la posibilidad de que la chica electroquímica me ame de manera romántica, o que en algún punto me amó así en el pasado, pero nada más. Puedo imaginar que haya pecados más terribles que el de un viejo que tiene a una muchacha de pareja. Aunque como te dije arriba, mi amor por ella era un amor sin cualquier expresión especifica. El contacto básico y su ayuda para volver a entrar en razón era todo lo que pedía.

Sin embargo, a finales de 2019, después de mis aventuras con las drogas, no sabía nada de los Ouwerkerk y necesitaba definirme un rumbo. En diciembre viajé varias veces entre Scottsdale con mis padres y El Paso con George. Él me presentó a una amiga de su novia, Juaisca Rodríguez. Era una asilada de Venezuela. Y además una discípula del chamanismo y la astrología.

Pasábamos mucho tiempo juntos y principalmente hablábamos de cosas espirituales. Desarrollábamos un vocabulario para describir nuestros conceptos espirituales, incluyendo palabras como “Illuminatis”, “Jedi”, “El noveno”, “Padawan”, “profeta” y otros términos chistosos que uso en mis poemas y publicaciones de redes sociales. Puedo decir que esto fue el principio de una larga travesía que buscaba descifrar mis vivencias psicodélicas y reconciliarlas con el gran mundo de la espiritualidad. Desafortunadamente no es mi amiga ahora. Se sentía atraída por mí y yo no quería una relación con ella. Le dije que no le tenía respeto a la novia de George porque nunca se le enfrentaba. Él habría podido orinar en su cara en frente de todos y ella encantada le habría hecho una mamada. Recuerdo que alguna vez le dije algo grosero a ella, no recuerdo qué. Desde entonces me tiene bloqueado. Después de lo que pasó con la chica electroquímica y su familia no tolero de estar bloqueado por nadie. Aparentemente, solo Noah puede bloquearme sin alterar mi obsesión por ella. Nunca hablé con Juaisca otra vez. Es triste.

Todo lo que puedo decir es que el aterrizaje recibido en mi excursión al mundo de las drogas y la esquizofrenia no fue un acontecimiento corto o limpio. Experimenté más de lo que podía aceptar y el centro de todo, el hilo narrativo de la historia de inicio a fin, era la chica electroquímica. Contactarla era sumamente para mí, pero el mundo es el mundo. Mi mundo es mi mundo. Y en mi mundo, las únicas muchachas que ayudan a los viejos son las escorts o las sugar babys. Al menos eso es lo que creo.

Este correo ha sido difícil de escribir. No sé si diga todo lo que quiero decir. Pero no tiene caso escribir más. Solo produciría más confusión. Mejor será escribirte mañana otro correo sobre México. Hasta luego.

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