La sex shop (el quinto capítulo)

Maestro, no has respondido a mi correo anterior. Seguramente estás pensando: “¿qué chingados acaba de decir?” Sí, lo siento, fue muy largo, complicado y probablemente aburrido. Pero tiene un punto fundamental. La voluntad crea la realidad. La historia de mi correo dio una base razonable a esta afirmación. Algunos creen que la realidad es el producto de nuestras conciencias. Otros creen que somos instrumentos de una infinitud, así llamado Dios. En nuestro mundo, la mayoría cree que solo podemos afectar la realidad con nuestras manos. Aunque tenemos incluso en nuestro mundo brujas y magos que sostienen que pueden afectar al mundo con solo usar el poder de sus mentes. Pero únicamente pueden hacer sus hechizos ante personas que creen que pueden ellos realmente tienen el poder de hacer magia. También los servidores de Dios tienen sus cuentos. Hasta Jesucristo dijo:

Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Mateo 17:20

No quiero por esto correo escribir otra leyenda, ni quiero escribir un gran ensayo de teología. Solo quiero que no olvides, es razonable creer que la realidad puede alterarse por la voluntad. No lo olvides. Es importante.

En todo caso, estuve ahí, en un cuarto privado de una sex shop mirando porno. Estaba enojado. No tenía esperanza. Mi venganza de la puta adolescente y su puto papá que me acusaron de ser un pervertido fue precisamente comportarme como un pervertido. En mi mente aparecieron las letras de una canción de Eminem: “yo soy lo que dices que yo soy”.

Cuando me estaba masturbando, un hombre entró en mi cuarto. No fue raro. A veces un gay entraría buscando sexo. Sí, maestro, tengo experiencias de mi juventud. Pero este hombre me preguntó: “¿quieres drogarte?”

“¿Por qué no? Mostradme tu verga” respondí. Y tomó su pene de sus pantalones. “Órale. Grande. Felicidades” le dije.

“Gracias, pero no soy gay. No busco sexo” me dijo.

“Yo tampoco” le dijo a él. Gracias a los documentales sobre prostitución que ambos habíamos visto, llegamos al acuerdo de que un oficial de policía nunca podría mostrar su pene durante una operación. “¿Qué tenemos?” fue mi pregunta.

“Metanfetamina” fue su respuesta.

“Muy bien. Por cierto, soy Jonathan. ¿Cómo te llamas?”

“Chaz. Chaz Christianson. Y, por cierto, ¿cómo llegaste?”

“En coche” le dije.

“Muy bien. Podemos fumar en tu coche. El cristal es mejor si la fumamos. ¿Has probado el cristal? ¿La has fumado?” Me preguntó, mientras salíamos de la sex shop y caminábamos a mi coche.

“Antes de cumplir 25 años. Tomé drogas algunos años entre la preparatoria y el ejército. En su mayoría cristal, pero también cocaína. Experimenté un poco con otras, por ejemplo, la heroína. Después, las dejé durante los 20 años que estuve en el ejército. Ahora estoy retirado. De hecho, fui un monje anglicano solitario. Tomé votos con aprobación de un obispo. Pobreza, castidad, obediencia. Mi obispo era para mí como un jefe en una empresa, pero vivía en mi propio departamento y vivía una vida típica. Pero ahora estoy considerando dejar mis votos. Estoy harto del cristianismo”.

“Órale. No eres un tipo típico. ¿Por qué estás pensando en dejar tus votos?” me preguntó. Mientras tanto, empezamos a manejar en búsqueda de un estacionamiento oscuro.

“Por supuesto una chica. O, de verdad, hay muchas razones, supongo, pero de momento la causa principal es una chica”. Dije mientras empezamos fumar.

“Estás retirado, tienes una pensión y un coche. ¿Dónde vives?”

Respondió: “de hecho vivo en Israel. Estoy aquí de vacaciones. Me quedo con mis padres. Intento regresar a Israel el octubre, pero no sé si regresaré”.

“Pues, ¿qué haces en la vida?”

“Varias cosas”, contesté. “Soy un filósofo”.

“Interesante. ¿Cuál es el significado de la vida?”, me preguntó.

“Hay dos respuestas a tu pregunta. Lógicamente, nuestro mundo solo puede ser una parte de una realidad más grande y perfecta, entonces el propósito de esta vida es sobrevivirla, aprender de ella y entrar a esa gran realidad. Aunque, ¿cuál es el significado de esa gran realidad perfecta? Mi respuesta es: ser es mejor que no ser.”

“Okay. Creo que el significado de la vida es reaccionar ante la experiencia” me dijo Chaz.

“Eso es un poco demasiado general para mí”. En ese entonces, debí poner atención, porque si una persona solo quiere reaccionar ante experiencias, potencialmente buscaría experiencias muy malas. Eso sería el caso con Chaz. Pero la conversación sobre la moralidad con un narcotraficante que acabé de conocer en un estacionamiento oscuro mientras fumaba cristal, me pereció potencialmente estresante en ese momento. Deseando cambiar el tema, le dije: “Últimamente también escribo poesía”. Tomé mi teléfono y le mostré un poema sobre Noah que había escrito en septiembre cuando estaba escuchando sus canciones y contemplando la hipocresía de los Ouwerkerk y las iglesias en Israel. Intento traducirlo para ti, maestro. Tiene por título “La capitán del arca”.

En la niebla gris y brumosa de la oscura y lluviosa calle
Donde las almas de jóvenes cadáveres se encuentran
Buscando un espíritu afín, para no sentirse tan solos
Un profeta inadaptado con ojos desorbitados estaba mirándolos, corriendo
Ocasionalmente ojeando cualquier banalidad en su teléfono

Nadie advirtió su presencia, que ahí estuvo
A pesar de, o quizá porque, el horror eléctrico del remanente de su pelo
No quería la amistad de ellos
Se dijo a sí mismo, mientras su corazón y su amor se hundieron como barcos saboteados
A un abismo frío
Y diáfano, sin propósito

Ya tenía todos los sueños
Pero ningunos eran sueños hechos realidad
Su cinismo no sobreviviría a la ironía de los sueños que no fueron malos
Los tendría cuando despertara, al contemplar su fatalidad

Sabía cómo estaría crucificado
Desde los meses de polvo y guerra en dos mil cinco

Cuando su colega pisó el honor de su nación
Por la boca del enemigo, que dio una felación
Su cara cansada del mundo, él era demasiado feo para estar cerca de ella
Entonces la respuesta del general fue que su cara sería castigada

Libertad
El sueño que una persona alcanza cuando escapa de su hábito
Hasta buscar en su fichero rotativo y descubrir que es un solitario

Apatía
Una maldición que alguien escapa por serendipia

Después apareció
Finalmente un ángel vio
Sus tendones envueltos por leche dulce y deliciosa
Sus hombros vidriosos por una miel cascada de cabellera
¿Cómo interpretaría ella mi tipo?
¿Qué me vio?

Ella no rechaza de él su mirada fija
Si fuese fea, a nadie le importaría
Las miradas asesinas de ellos no penetraban la piel
Mientras él pedía de Dios para cuidar a su alma de manera fiel

Con sus horquetas y cocteles de aguarrás
Las masas no podían contener sus afrentas
Contra nuestro Frankenstein monstruo
Con el objeto de proteger su normalidad de todo hecho

Un bebé con harpa y de ángel alitas
Pintado en techos abovedados y en otras cosas
En fiebres, sueños encima de su cabeza
Aferrado a las sábanas frías al lado de él en su cama

Los escritores misteriosos le llamaban un barco
En ese confuso libro antiguo que habían escrito
Después le llamaron caja de carátulas áureas
No muy diferente que un cuento de hadas

¿Qué fue esta cosa por los filisteos robada?
Es de verdad solo un alma humana
Contiene el báculo del legislador y las leyes de Dios
Pero leviatán la ha, con éxito, roto en mil pedazos

El tictac de las horas
La conformidad de los cromosomas
Las discusiones eternas de los síquicos bandoleros
Cubriendo sus cabezas con platinados sombreros

En las buenas y en las malas el arca está abierta
Nadie sabe cómo este viaje terminará
Cómo se atreve a encontrar una amiga
Un final feliz que hace a las masas estremecerse
Pero en la mano de ella el timón se siente
Nadie otra existe

No pueden decirme a quien yo disfruto
O si es una muchacha o un niño
O discutir por nimiedades sobre si demasiado joven o vieja
Mis besos y mis palabras vienen de MI lengua

“¿Es la chica que te empujó a la sex shop?” me preguntó Chaz.

“Sí. La verdad fue su papá, creo. No sé si las palabras horribles que la chica me dijo eran realmente de ella”, le dije.

“¿Ella era joven? ¿Te gustan las niñas? ¿Eres pedófilo? No hay problema. Conozco gente así”, me aseguró Chaz.

“No. Tiene 18 años. Y no había amorío. De hecho, solo le pedí practicar hebreo con ella. Me enamoré de ella después, pero no le dije esto a nadie. Justo eran conservadores religiosos que no podían comprender que un hombre viejo pudiera hablar con una mujer joven”, fue mi respuesta.

“Loco. Por todo, me perece que te beneficiarías de fiestas y putas”.

“Hacía mucho de eso cuando era joven. De verdad, ahora prefiero alterar la realidad por mi voluntad. La chica me bloqueó. No existe la posibilidad de que pueda comunicarme con ella. Necesito usar la telepatía. Y necesito ser otra persona. Una persona joven. Posiblemente incluso una muchacha, si pudiera al menos ser su amiga. Estoy harto de ser el monstruoso enemigo de la humanidad”, le relaté.

“Órale”. Me dijo. “El transexualismo es una vida difícil. Lo siento. Pero lo que quieres es imposible sin cirugía, amigo”.

“Güey, no, no soy una maldita mujer en el cuerpo de un hombre. He sido célibe por ocho años. No es un asunto de sexo, y no tengo el alma de una mujer. Solo soy Jonathan. Solo quiero convertirme en alguien diferente. Pero no en un hombre viejo y soltero. No en un objeto de odio o de miedo. Alguien diferente. No queda nada en la vida para Jonathan Bailey”, le reporté.

“Vale amigo. Estás muy deprimido. Pero ahora buscamos fiestas y putas, ¿verdad?”

“¿Por qué no? Alteramos la realidad luego”. Fuimos a un Motel Six para alojarnos allí. De camino tuvimos una interesante conversación sobre las cosas que experimentaría en las próximas semanas. Hay una categoría de personas que viven en hoteles que suelen no tener identificación, no tienen direcciones permanentes ni documentos importantes como actas de nacimiento, seguridad social, etc. Entre estas personas, los que tienen este tipo de información tienen más libertad y fuerza que los otros que no las tienen. Chaz estaba muy orgulloso de que tenía una licencia de manejar. Pude presentársela al empleado del hotel.

En el hotel, Chaz habló conmigo sobre las drogas, por ejemplo, sobre cuales drogas quería tomar. Mientras hablaba, revisó el cuarto y encendió la televisión. De repente, sugirió que yo mirara pornografía. No sé por qué. No había expresado interés por el tema. Me sugirió que conectara mi teléfono a la televisión, pero rechacé, explicando que no tenía confianza en la conexión de mis dispositivos en un Motel Six, incluso a la wifi. Prefería solo usar mis datos. Entonces sugirió que yo solo mirara porno en mi teléfono. Estuve de acuerdo, pero me pareció raro. Yo había sido un monje por muchos años. Un célibe. Por supuesto, tenía una historia con la pornografía. Como ya sabes, maestro, no soy moralista a pesar de mi fe cristiana, y a veces miraba pornografía, pero en general estaba de acuerdo en que la pornografía no era una cosa sana. Normalmente la dejaba después un rato debido a la decepción, la culpa, etc. Era un ciclo para mí. Últimamente no había visto ninguna porno y estuve sorprendido de su sugerencia. Quizá él solo quería ponerme caliente para motivarme a buscar chicas. No sé. Yo estaba drogado, posiblemente me volví un poco paranoico porque me sugirió conectarme a una televisión. De todas formas, mi teléfono no funcionó. Pude usar mi browser por sitios típicos, pero cuando intenté acceder un sitio de porno, no pude. Después Chaz me mostró un video por su teléfono de su novia dándole una mamada. Pareció decepcionado. ¿Por qué era tan importante usar mi teléfono para mirar pornografía? Sí, yo era paranoide. Esto sería un problema durante mis encuentros con Chaz. Chaz finalmente sugirió que buscáramos mujeres y saliéramos del cuarto.

Mientras manejaba en la ciudad, platiqué con Chaz sobre su vida. Tenía un título universitario y era el dueño de un restaurante en California, pero experimentó un divorcio terrible, se mudó a Phoenix donde encontró una novia que era una narcotraficante y prostituta ocasional. Evidentemente vivieron la vida loca juntos por un rato, pero ella fue encarcelada y no salió de la prisión por un año. Chaz tenía dos teléfonos, su propio y el de su novia. La aprehensión de su novia fue reciente, y estaba marcándolo cada día de la cárcel llorando y era difícil para él aceptar la situación y apoyar a su novia. Para mí, como soldado, un año separado de mi esposa no era nada, pero desde su perspectiva, la relación con ella estaba prácticamente terminada. Estaba usando el teléfono de ella para conectar clientes con fuentes de drogas. Aparentemente fue una idea nueva de él para buscar pervertidos en las sex shops y ofrecerles drogas. El objetivo era ganar clientes nuevos. En todos casos, su motivación primaria era la excitación. Le encantaba la vida de sexo, fiestas y drogas. Le perecía una vida romántica. Un retirado raro y desesperado con una pensión significante era un hallazgo muy bueno para él.

Sin embargo, regresando a mi tema de personas sin identificación, la primera mujer que encontré en este mundo no tenía mucho. Después de que conseguimos el cuarto, Chaz me llevó con uno de sus amigos, Larry, quien compartía un cuarto en otro hotel con una mujer llamada Melinda. Era rubia, no joven de edad, pero no fea. Era también la personificación del estrés. De hecho, me pereció que era como la típica esposa o madre de una Sociedad de Padres de Familia cualquiera, de alguna ciudad del sur de los Estados Unidos, que por azares del destino se encontraba en este mundo de vagabundos y criminales. Siempre estaba frustrada y hablaba como si fuese una mujer que tuviera por marido a un huevón que nunca tiraba la basura. Estaba especialmente enojada con Larry, le gritaba diciéndole cosas sobre su teléfono, que estaba “perdido”, pero sospechaba que Larry se lo había quitado.

Más tarde comprendí que un celular, para una persona que no tiene ningún documento, puede ser la única cosa que tenga en el mundo.

“¡Me diste el teléfono de un traficante de heroína, Larry!?” chirrió muchas veces. “¿Yo usaba mi teléfono para todo!” Sospeché que el traficante de heroína era Chaz, pero no era cierto.

Chaz me dijo en privado que Larry estaba enojado con Melinda, y quiso que por la noche lleváramos a Melinda con nosotros. Melinda estaba maquillándose constantemente. Fui en general muy silencioso, estaba muy, muy drogado. Habíamos fumado más cristal con Larry. Supuse que para probar que yo no era oficial de la policía, como en la sex shop, cuando Chaz me mostró su pene. Probablemente parecía muy raro, silencioso, con una mirada perdida, pero oye, así son las drogas. Aunque Melinda no tenía limites: “¡deja de mirarme! ¿Eres un pervertido? ¡No voy a tener sexo contigo! ¡Larry! ¡Robaste mi teléfono!” gritó vehementemente.

“Confía en mí, nadie quiere tener sexo contigo”, fue mi respuesta.

“Lo siento, cariño, estoy irritada porque no tengo mi teléfono. Necesito mi teléfono. Lo uso para todo” me dijo con una voz agradable. Un milagro. Sin embargo, después de un minuto chilló: “¡Apártate de mí! ¿Por qué tú siempre estás persiguiéndome? ¿Eres pervertido?” Había cuatro personas en el pequeño cuarto. Aparentemente, no pude simplemente estar de pie en silencio. Y sabes bien, maestro, que no puedo aguantar acusaciones de monstruosidad masculina. Afortunadamente estaba muy drogado y toda la situación me pareció una comedia.

O tal vez su comportamiento me pereció tan extremo que todo en ese momento fue como una comedia. Pero, pensándolo bien, la situación no era divertida en absoluto. Estaba aprendiendo sobre la forma de trabajar de un traficante de personas. Normalmente, la persona que es traficada no lo sabe, pero al parecer Melinda tenía esa sospecha. Lo único que ella tenía era su teléfono y su adicción a las drogas. Aparentemente Larry se lo quitó y se lo dio a Chaz. Ahora él podía chequear todo lo que Melinda hacía por el teléfono. Podía tomar el teléfono de ella en cualquier momento. Básicamente, Larry controlaba a Melinda, pero ahora Chaz la controlaba. No era divertido para nada.

Sin embargo, acompañado de Melinda, buscábamos más drogas. Heroína y cocaína. En el coche, Melinda no paraba de hablar. De manera muy ruidosa y molesta. Nos dijo que conocía a mucha gente, tenía muchas conexiones y sabía dónde conseguir drogas. También estuvo diciendo constantemente que no quería tener sexo con nadie. En un momento dado, Chaz le dijo a Melinda: “¿sabes dónde podemos conseguir cloroformo?”

“¿Qué es cloroformo?”, le preguntó Melinda.

“Es una droga que hace que una persona se desmaye y puedan hacer todo lo que quieran con ella”, dijo Chaz. De hecho, el cloroformo no es solo una droga que causa la pérdida del conocimiento, como el Rohypnol, la droga más popular en los años noventa para violar chicas después de las citas. El cloroformo es muy fuerte. En las películas, secuestradores, violadores y asesinos lo usan. El cloroformo tiene un efecto adormecedor instantáneo que deja a la víctima como en estado de coma. No era una imagen cómoda para mí. Estuve perdiendo la capacidad de distinguir los chistes de los comentarios en serio. Los chistes de Chaz, además, eran violentos. Estaba perdiendo confianza en Chaz. Era un hombre un poco escalofriante.

“No, no sé dónde encontrar eso” respondió Melinda mientras continuaba hablando a su manera estresante y molesta, completamente ajena al “chiste” y la amenaza de Chaz.

Finalmente llegamos a otro hotel, esta vez de un hombre llamado Lee y su esposa, cuyo nombre no recuerdo, supuestamente para comprar cocaína. Ahí, por supuesto, fumamos más cristal. Otra vez me pareció que aquello era para mostrarnos que no eran de la policía. Estuve muy, muy drogado. Pronto, después de nuestra llegada, Chaz anunció a la pareja: “Jonathan aquí quiere ser una mujer. Entonces, Lee y Jonathan, poden hacer lo que hacen juntos”.

Quedé estupefacto. ¿Chaz me ha ofrecido a Lee para sexo homosexual? ¿Por qué? ¿Me ha vendido a la pareja como una puta a cambio de drogas? Estuve tan confundido. No pude decir nada excepto: “No sé… no comprendo”. Dije esto mientras le daba a la pareja algo de dinero por la cocaína. Cuando era joven, normalmente probaba un poco de droga para ver si era genuina, pero esta vez tenía miedo, posiblemente esto era algo como cloroformo o Rohypnol. Melinda no dijo nada. Solamente se tumbó en la cama como si todo fuera normal. Melinda nunca se quedaba callada. Eso en sí mismo era raro. “Quiero ir a nuestro cuarto”, les dije.

Desde ese entonces Chaz manejaba mi coche. Absolutamente yo no era capaz de manejar. En el carro, pude pensar un poco, pero solo pude decir: “no me dijiste que nada de esto sucedería”. Me ofreció una disculpa, obviamente decepcionado. “Tienes que decirme lo que pasa”, continué.

“Necesitas alcohol. Estás demasiado nervioso”, me dijo Chaz. Estuve de acuerdo. Chaz estacionó el coche frente un bar, para entrar los tres por bebidas. Al entrar al bar vi que Melinda había puesto curitas por toda su cara. Perecía absolutamente ridícula. Me cayó como un mensaje, como si quisiera decir que fuera una mujer maltratada. También Chaz la vio y le dijo en tono desdeñoso: “¡quita esa mierda de tu cara, Melinda! ¡Puta madre!” Ella obedeció y entramos al bar.

El bar era demasiado estresante. Había muchísima gente. Le sugerí a Chaz solo comprar algún güisqui en una licorería para irnos a tomar en el cuarto. Estuvo de acuerdo y regresamos al coche. En el camino, Melinda estuvo hablando sobre su vida, explicó que antes había sido una cantinera. Recogió una botella vacía de la banqueta e intentó hacer malabarismos con ella. Como la Película “Cocktail” de Tom Cruise, en la que los cantineros eran expertos en entretenimiento y podían hacer acrobacias increíbles con las botellas. Admito que esto era ridículo, pero no dije nada. Chaz gritaba muy molestado: “¡Melinda! ¡Puta madre! ¡Ya basta de esta pinche mierda estúpida!” Fulminantemente dejó caer la botella y se movió al coche en silencio y con vergüenza. Pensándolo bien, Chaz probablemente solo se había molestado, porque Melinda era sin duda una persona molesta. Aunque no pude evitar tener la impresión de que Chaz, además de controlar Melinda con su teléfono, la trataba humillantemente en todo momento. Veía el patrón de un padrote y su puta. Obviamente, ella quiso demostrar que era una mujer maltratada, no solo una puta, de hecho, una cantinera. Una persona real con una vida, talentos, etc. No solo un objeto. Chaz me perecía querer intentar destruir todo rastro de semejante ensueño.

Yo estaba de hecho muy drogado. No ponía objetar cuando Chaz intentó venderme como un prostituto, pero ponía observar patrones de comportamiento muy sutiles. Aunque, los patrones eran marcados. Casi arquetípicos. Tenía duda de que mis percepciones fueran acertadas. Mira, maestro, un hombre, en un momento de desesperación, porque odiaba su vida, dijo que puede incluso ser una mujer. En el siguiente momento, alguien esta vendiéndolo como un prostituto gay. Todo empezaba a ser como un ensueño para mí. Todo era demasiado raro.

Además, Chaz me perecía como un demonio de la tentación:

  • Yo sé que miras porno. Miremos porno.
  • ¿Una mujer te ha rechazado? Tengo mujeres para ti.
  • ¿Odias tu vida como hombre? Puedes ser mi prostituta.
  • ¿No puedes manejar? Soy tu chofer. Tu coche es mi coche. Tengo un viaje para ti.
  • ¿Quieres alterar la realidad por tu voluntad? Las drogas te ayudarán.

También me perecía como si Chaz tuviera mucho control sobre mí, por las drogas, así como tenía control sobre Melinda y su teléfono. Creo que Chaz estaba consciente de esto, pero probablemente no estaba consciente del alcance de su control sobre mí. Al menos inicialmente. Sin embargo, no podía evitar mi percepción de él como una fuerza del mal, un empleado del diablo. ¿Pero era todo apofenia? ¿Por las drogas veía mas que otros, o era simplemente un loco? ¿Qué opinas, maestro?

En cualquier caso, llegamos a nuestro cuarto. Tomamos güisqui y fumamos más cristal, esta vez mezclado con heroína. Sí, maestro, de camino al cuarto de Larry, Chaz me llevó a comprar heroína. Olvidé decirte. Solo fue un recado típico y aburrido, la única cosa interesante fue el consejo de Chaz: que no dijera a nadie que yo tenía heroína, salvo que fuera necesario. La gente hace todo para conseguir heroína, y la heroína podría proveer control y fuerza, pero también podría atraer atención no deseada.

Sin embargo, estuvimos en el cuarto platicando. Recuerdo haberle preguntado a Chaz cuánto costaba el vicio de la heroína. Después de algunos cálculos me dijo que un consumo básico cuesta $1,000 US al mes. Respondí, entonces que una mujer que me respete costaría $1,000 US al mes, más otros gastos. Por decirlo así, una mujer que no me contradiga constantemente ni me intente controlar tiene que ser literalmente adicta a mí, o al menos a las drogas que yo aporte. Chaz estuvo de acuerdo. Añadió el concepto de que la desesperación puede hacer que la gente haga cosas que normalmente no haría. Estuve de acuerdo.

Melinda estuvo escuchando a todo. Me preguntó sobre mi deseo de ser una mujer. Expliqué que solo le estaba relatando a Chaz mi descontento con mi vida de hombre. No era transexual. La mierda de transexualismo era ridícula. Aparte, Noah no quería que yo fuera una mujer. Se me hizo raro que todo el mundo asumiera que yo era transexual por este único comentario mío. Melinda continuó diciendo que no era mejor ser una mujer porque las mujeres no pueden apagar la atracción de los hombres. Entonces empezó una conversación sobre los géneros.

No estoy muy seguro de querer escribir mucho sobre mi conversación con Melinda sobre los géneros. Cuando nos encontramos en Café Madoka, maestro, normalmente hacemos chistes sobre las dificultades con las mujeres, y no quiero parecer un misógino. No hace falta decir que mi impresión es, a pesar del patriarcado de los siglos pasados, que había más igualdad entre los géneros en la historia que hoy. Leemos en libros de historia cuentos de reyes y generales y creemos que las mujeres eran irrelevantes, e imaginamos que eran solo esclavas. Aunque en Iraq yo encontré una cultura muy antigua y patriarcal, mi impresión es muy diferente. Primero, no todos son reyes ni generales. Si yo hubiera vivido hace 2,000 años, y hubiera tenido que elegir entre quedarme en la cocina con los hijos, o ir a luchar contra los lobos para proteger a mi rebaño, o tratar de matar un mamut con mis amigos con nuestras lanzas para aportar comida a la tribu, yo definitivamente hubiera preferido quedarme en la cocina.

Además, conozco la importancia de las mujeres en la vida. No muchas personas lo saben, pero los Estados Unidos gañó la guerra en Irak a causa de las mujeres. Las terroristas de Al Qaeda estaban secuestrando a las hijas de los jefes tribales en las provincias de Al Anbar y Salahadin. Las terroristas habían estado matando a los hijos de los jefes por muchos años, y no era suficiente motivación para los jefes unirse y hacer una guerra contra los terroristas, pero cuando secuestraron a sus hijas, los jefes estuvieron finalmente hartos de los terroristas. Los soldados americanos no ganaron esa guerra. Fueron los padres iraquíes enojados que salvaron a sus hijas en apuros. Si quieres morir, busca un beduino y dile que su hermana es una puta. Terminarás siendo descuartizado por unos mil guerreros que vendrán montados en camellos desde lo más recóndito del infierno.

Además, sabemos por muchos escritos, incluso la Biblia, que hasta en el mundo de los reyes y los generales, las mujeres eran muy importantes. Por ejemplo, la reina de Persia salvó a los judíos. Juan el Bautista perdió su cabeza porque el rey quiso impresionar a una princesa. Esta mierda de idea de que mujeres eran esclavas insignificantes es una ilusión total.

Al contrario del mundo antiguo, donde el hombre recibía una cierta cantidad de honor como reconocimiento de que nadie lo protegía, y por su obligación a cuidar a la mujer, en nuestro mundo actual, el más mínimo reconocimiento al hombre es visto como “sexismo”. No está permitido evitar que la mujer haga nada, pero todavía recibe protección y apoyo de la sociedad. Para mí esto es sexismo contra el hombre. Cuando tengo problemas, nadie me ayuda, y si no puedo resolver mis problemas, perezco débil. Y si resuelvo mis problemas y gano éxito, entonces soy el villano que tiene un tesoro que otros deben quitarme.

Por supuesto, la perspectiva de Melinda era muy diferente. Su queja principal fue que una mujer no puede apagar la atención de los hombres. Es mi intención escribir luego un correo sobre un día que pasé con Melinda en que aprendí mucho sobre ella. Por eso, en este correo, no quiero explicar largo y tendido sobre sus dificultades que tenía en la vida como mujer. Baste señalar que, durante esa conversación, su perspectiva de que “los hombres nos quieren demasiado”, no fue satisfactoria para mí. De hecho, si yo fuera una mujer que recibe la atención indeseable de un hombre, podría hacer que otro hombre lo destruyera, ¿verdad? No olvides, maestro, que esos eran los días de Harold van Ouwerkerk, el “santo caballero”.

Mientras, Chaz continuaba comportándose como un demonio de la tentación. Me dijo: “si hubiera algo que quisieras, solo házmelo saber”.

De ese tiempo para acá yo estaba convencido de que Chaz era de veras un empleado de Satanás, entonces mi respuesta fue: “¿Puedes conseguirme a Noah?”

Melinda añadió: “Has mencionado a Noah. ¿Quién es?”

Chaz le dijo a Melinda: “Es la chica a quien él ama”.

Después volteó hacia mí: “Está en Israel… pero podemos verlo después”.

Maestro, ¿qué clase de respuesta fue esa? Si Chaz hubiera sido solo un narcotraficante, un socio de strippers, prostitutas y mujeres desesperadas, ¿no sería mejor solo decir: “conozco mujeres más guapas”? Entiendo, probablemente solo no quería permitir mi decepción. Pero en ese momento, ese detalle captó mi atención. ¿Apofenia? ¿Solo locura? ¿O yo me estaba dando cuenta de patrones relevantes? Si sí, ¿qué estaba viendo? ¿Había un plan secreto aquí? ¿Era Chaz un agente de un grupo que tenía interés especial en mi tentación? ¿O era Chaz de verdad un demonio? ¿O tal vez un demonio afuera controlaba y manipulaba a Chaz con el objeta de utilizarlo como un instrumento que me hiciera caer en la tentación? Además, semejantes patrones no son necesariamente sobrenaturales. Un evento de un narcotraficante intentado atraer a un nuevo cliente no es atípico. Pero por mi fe, yo estaba en un mundo de demonios y ángeles. Era la base de mi personalidad. En mi estado narcotizado, los patrones que estuve viendo en mis interacciones eran más claros, pero también más conectados a mi personalidad. La cuestión fundamental era: ¿eran ocurrencias? ¿Iluminación? O… ¿locura?

Maestro, este es el correo más largo que he escrito en muchos años. No quiero perderlo por un problema de mi computadora. Tengo que mandártelo y escribir uno nuevo mañana. Este asunto con las drogas no está de ninguna manera terminado, pero ahora solo quiero ir a la cama. Estoy muy cansado. Te prometo que te mandaré el próximo correo muy pronto.

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