La botella de cerveza (el cuarto capítulo)

Estaba el Único y todo era blanco. No recordaba el Único su principio. Solo recordaba su primera obra. Quiso que hubiera color, y el color fue hecho. Después quiso suelo, y el suelo fue. Después quiso un cuerpo, y entonces tuvo un cuerpo para ponerse de pie en el suelo. Su cuerpo fue como nuestros cuerpos, pero absolutamente esplendoroso. Todo que lo quiso sucedió. Es un punto muy importante. ¿Por qué todo lo que quiso sucedió? Este es el tema de nuestro cuento. En todo caso, después quiso que hubiera otros seres como él y, por su voluntad y deseo, los creó. Los llamó: los malaakim. Se le parecen, pero eran más pequeños. Eran también esplendorosos, pero no como él.

También todo lo que los malaakim querían hacer o crear, sucedía. Absolutamente todo lo que todos querían hacer o crear, era posible, solo por sus deseos y su voluntad. Al mismo tiempo, nadie quería hacer nada que los otros no quisieran. Siempre estaban de acuerdo. Era todo un paraíso en armonía absoluta. Eventualmente, el Único creó una montaña para ver todo y tomar un trono por encima de lo que había creado. Los malaakim eligieron al más alto, al más hermoso e inteligente entre ellos para ser su líder: el Príncipe.

El Príncipe acostumbraba a subir a la montaña a escuchar los dichos del Único para contemplarlos y explicarlos después a los malaakim. A veces el Príncipe tomaba las dudas de los malaakim para que el Único les diera respuestas. Estas solían ser enigmáticas y el Príncipe tenía que contemplarlas algún tiempo para explicárselas a los malaakim. De esta manera, el Único y el Príncipe tenían conversaciones muy fascinantes. Hasta ese tiempo todo era todavía perfecto, en armonía plena. Todos podían hacer y crear todo lo que querían solo por pensar en sus deseos. Y creaban muchos mundos maravillosísimos.

Sin embargo, la explicación de un fenómeno es algo más complicado que el fenómeno en sí. No es difícil para la persona que explica un misterio creer que él es más inteligente que la persona que toma un misterio para contemplación y posterior comprensión. Algunos misterios no pueden estar representados solo por dichos. Finalmente, algunos misterios simplemente no pueden ser comprendidos por un ser inteligente. Simplemente tienen que ser aceptados. Son los límites de la existencia y la comprensión. Con tiempo, encontró el Príncipe semejantes asuntos, y a veces las conversaciones entre el Único y el Príncipe perecían discusiones. A veces el Príncipe se frustraba. Fue la primera vez que faltó la armonía total.

Por ejemplo, una vez el Príncipe le preguntó al Único: “Todo lo que quiero que pase, pasa. Los pensamientos en mi cabeza hacen exactamente lo que quiero, y también todo afuera de mi mente, usted y todo el mundo, hacen exactamente lo que quiero. ¿Cómo puedo saber que usted y todo el mundo no son otra cosa que mis pensamientos afuera de mi cabeza? Si fueras únicamente mi sueño afuera de mi cabeza, yo sería el Único y tú serías mi creación”.

Después, el Príncipe pensó en una botella de cerveza en su mente y creó una botella de cerveza en su mano por su voluntad, y dijo: “¿cuál es la diferencia entre crear esta botella en mi mente y crear esta botella en mi mano? ¿Cómo sé que usted ha creado esta botella en mi mano?”

Respondió el Único: “primero, te he creado. Yo estaba aquí antes que tú. No recuerdo mi principio”.

Dijo el Príncipe: “¿Cómo sé que dices la verdad?”

“Si tú fueras todo, eso significaría que tú eres también tus pensamientos en tu cabeza, así como todo lo que está afuera de tu cabeza, y que yo acabo de mentirte, o sea, que acabas de mentirte a ti mismo. ¿Por qué? ¿Te odias a ti mismo? ¿Estás loco? Si sí, ¿por qué? Además, ¿de dónde viene lo que te es desconocido?”

Después, el Único tomó la botella de la mano del Príncipe y la hizo desaparecer. “Por cierto, no quiero que tengas una botella en tu mano. Soy el Único. No eres el Único”.

El Príncipe intentó recrear la botella, pero no pudo. El paraíso estaba perdido. Era la primera vez que una persona no podía crear lo que quería. El Príncipe, el más maravilloso de los malaakim, era la única persona en todos de los mundos que no pudo crear una botella. Y era su trabajo entender el por qué. Pero, ya que era orgulloso, no pudo.

“Probablemente tu voluntad es más fuerte que la mía”. Respondió el Príncipe. “Además, todos los malaakim creen que eres el rey de todo. Posiblemente es un asunto de números. Si existen más personas que quieren que tenga una botella en mi mano, tendré una botella en mi mano”.

“¿De dónde crees que viene la botella?” dijo el Único.

“Por supuesto, de la infinidad”, respondió el Príncipe.

“Quizá la infinidad no quiere que tengas una botella en tu mano”, dijo el Único. “Y si no quiere, ¿por qué?”

Pero exclamó el Príncipe: “¿no quiere? La infinitud es solo materia. Es solo la manera de hacer las cosas. No tiene la infinitud voluntad”.

“No. Te equivocas. Y, dado que no entiendes, llamo a la infinitud: el Padre. La infinitud está viva. No recuerdo mi principio, pero vine del Padre. Y tú también. Tenemos un desacuerdo. El Padre me apoya a mí, no a ti. Por eso no hay una botella en tu mano. Todo es una expresión del Padre. Todo es su cuento. Aparentemente excepto por ti. No crees que el Padre existe. Crees que eres la infinidad o el Padre. O al menos el Único. No tienes evidencia de ser la infinidad o el Padre o el Único. Solo tienes la posibilidad de serlo. Y quieres serlo. ¿Por qué? ¿No era antes todo perfecto para ti? ¿Si no, cómo?”

“Solo quiero entender el asunto”, dije el Príncipe. “De acuerdo, quiero una botella en mi mano, pero no la tengo, y tú eres la razón. No puedo creer que haya una botella en mi mano. Ese es el problema. Todo lo que creamos, lo creamos por voluntad. Creimos que es así, y así es. Creo que eres más poderoso que yo, y no te puedo contradecir. Aunque, creo que si los malaakim usan sus voluntades para crear una botella en mi mano, habría una botella en mi mano porque juntos nosotros seríamos más poderosos que tú”. Después, el Príncipe intentó convencer a todos los malaakim. Les dijo que el Único cree que la infinitud es un ser vivo, pero que no hay prueba de esto. También dijo que si todos trabajaran juntos, podrían crear una botella de cerveza que el Único no querría.

El Único llevó sus manos a su cara. Les explicó a los malaakim, directamente, no a través del Príncipe, que este evento no era un gran experimento. Solo una revuelta. Una revuelta cuando no había habido ningún problema. El Príncipe quiso la botella, y él, el Único, no la quiso, por lo tanto, no hubo botella. Obviamente el Padre hizo honor al Único y no al Príncipe. Pero un tercer grupo de los malaakim tenía curiosidad de saber si había un Padre en absoluto, o si la infinitud solo era una materia que podrían manipular a su antojo. Estos eran los más inteligentes: querían hacer el experimento.

Los malaakim hicieron el experimento. Imaginaron la botella de cerveza en la mano del Príncipe. Quisieron que hubiera una botella de cerveza en la mano del Príncipe. Pero la botella no apareció. El Único esperaba que el asunto estuviera terminado. Pero el Príncipe tuvo otra idea. “¿Y si hiciéramos un mundo sin el Único y los otros malaakim? Obviamente estamos en el mismo mundo. O en muchos mundos que están conectados, y el Único y los malaakim siguen estando en todos los mundos. Pero en un mundo sin el Único y sus malaakim, podríamos hacer y crear lo que quisiéramos, porque la infinitud sería solo nuestra infinitud”.

Otra vez el Único llevó sus manos a su cara.

Todo es perfecto –explicó a los malaakim–. La imperfección no es necesaria. La infinitud es perfecta y necesariamente incluye a la inteligencia infinita.

Pueden existir el “ser” o el “no ser” –agregó–; pero el “ser” existe. Es razonable que la infinitud perfecta, mi Padre, me haya producido a mí, el primer ser más grande y esplendoroso, para demostrar su imagen y para ser el rey de la existencia. No había habido problemas hasta la revuelta del Príncipe. No es lógico crear una existencia en la que la imperfección fuera el estado básico. Por lo tonto, el conflicto entre el Único y el Príncipe era necesariamente una revuelta del mal contra el bien.

 El Único también explicó que había respondido a toda pregunta y que permitió que hubiera todo tipo de experimentos.

No he tratado a nadie mal –prosiguió su discurso–. Si el Príncipe quería este experimento nuevo, yo lo permitiría.

 Con esto dicho, los malaakim sabios ya tenían todo lo necesario para decidir aquello que era correcto.

Pero el Príncipe insistió en que el Único se equivocaba en afirmar que la infinitud estaba viva. Por eso no es lógico suponer que la existencia tendría un patrón o un sentido como si fuese la creación de un ser lógico. Y no era razonable seguir los dichos del Único simplemente porque el Único era el primer ser, o el más grande, o el más hermoso. Además, el Único era un factor que impedía que todos los malaakim tuvieran confianza en él. Incluso de obedecerlo, sin pensar siquiera en ninguna otra opción.

Por fin, el tercer grupo de los malaakim todavía quería hacer el experimento e ir a un mundo sin el Único. Creían que la infinitud solo era una sustancia para su manipulación y el Único y los malaakim del Único eran un obstáculo para su poder y libertad. El Único decidió permitir el experimento, pero anunció al Príncipe que había reconocido el patrón de su comportamiento. El Príncipe ya había fracasado en reconocer el razonamiento de que la infinitud perfecta era un ente inteligente. Uno que crearía un señor y un mundo perfectos, y todo era para la observación de lo perfecto. Siempre habría preguntas, y el Príncipe siempre haría experimentos y discusiones porque simplemente no podía reconocer los requisitos de una existencia perfecta. Por lo tanto, si el Príncipe y sus malaakim salieran de su presencia, no les estaría permitido regresar. Simplemente tuvo que escoger entre la armonía o el conflicto. El Único esperó que el miedo del desconocido persuaduera al Príncipe no salir. Nadie sabía nada de los mundos separados del Único. El Único predijo que la destinación del Príncipe sería el olvido, porque no hay nada afuera la presencia del Único, o la destinación sería un mundo muy terrible, porque el Padre daría honor al Único y deshonor al Príncipe.

Pero el Príncipe era muy arrogante. Muy orgulloso. No tenía nada de miedo. Solo curiosidad e incertidumbre. La incertidumbre y el orgullo no son una buena combinación.

Estaba convencido de que el Único solo era un ser en la existencia como cualquier otro, solo que con voluntad muy fuerte o alguien que recibí la fuerza de las voluntades de la mayoría de los malaakim. Estaba también convencido de que, si solo pudiera escapar del Único, encontraría un mundo de libertad absoluta. Jamás consideraba que todo fuera perfecto antes de sus experimentos. Por todo, el Príncipe y sus malaakim salieron de la existencia del Único. Aunque no encontraron el olvido. Pero tampoco encontraron una nueva existencia de libertad ilimitada. Encontraron un mundo de oscuridad total, sed y dolor.

Pero hay otro personaje en este cuento. El General. Era un de los malaakim, no especialmente esplendoroso.  Amaba mucho al Único. Una vez le preguntó al Único, “¿que pasó con el Príncipe y sus malaakim? ¿Encontraron el olvido?”

“Creo que no”, respondió el Único.

Dijo el General: “Son mi señor. Son el señor de todo. Además, yo sé entender. La infinitud perfecta debe incluir inteligencia absoluta. Perece razonable que el mundo fuera, al menos, inicialmente perfecto para proveer un base de normalidad. La discusión entre Usted y el Príncipe no era la perfección. Quiero entender por qué sucedió esto. Quiero saber qué le pasó al Príncipe”.

El Único respondió: “vives en una existencia perfecta. Puedes hacer todo lo que quieras. Hazlo”.

Entonces, el General creó una ventana para el Príncipe. Quedó estupefacto por lo que vio. Jamás ha experimentado la oscuridad, ni la sed, ni el dolor. Habló con el Príncipe. El Príncipe rogó por entrar a los mundos del Único. Insistió que su condición era el resultado de la voluntad del Único y la mayor parte de los malaakim. Además, sostuvo que no era posible que hubiera un Padre perfecto, porque un padre perfecto crearía una existencia perfecta. Entonces, su discusión con el Único no sería una perfección y su ubicación, en un infierno, no sería una perfección tampoco. El General recontó todo lo que vio y escuchó al Único.

“Aparentemente el Padre tiene una razón para enviar al Príncipe y a sus malaakim a ese mundo. Aparentemente también el Padre sigue dándome honor y dándole al Príncipe deshonor. Me preguntaste del destino del Príncipe. ¿Yo sabía? No. Y yo nunca miento. Obviamente no enviamos al Príncipe al infierno por nuestra voluntad”. Fue la respuesta del Único.

“¿Qué es la razón?” preguntó el General.

El Único respondió, “hay una explicación. Pero no es simple. No puedo solo decirte un dicho. Todos necesitan entender y experimentar la explicación para entenderla intelectualmente y emocionalmente. El objeta es finalmente resolver ese gran asunto: si existe el Padre o no, y si yo soy el rey de todo o no. Tomará miles de años y muchos participantes y muchas, muchas personas sufrirán. Pero después de esta explicación, todos sabrán la verdad sin ninguna duda. Crearé otro mundo. Inicialmente este mundo será un paraíso como nuestros mundos. Los seres de este mundo afectarán su mundo por su voluntad como nosotros afectarán nuestros mundos. Sin embargo, solo reconocerán que pueden afectar sus cuerpos directamente sin duda. Tendrán que manipular su mundo por sus manos y voces y cuerpos. Este mundo será separado de nosotros y nuestros mundos para asegurar su independencia. Finalmente, permitiré el Príncipe afectar este mundo y sus seres tanto como pudiera. Yo y tú y nuestros malaakim solo afectarán este mundo tanto como los seres en este mundo quieran y creen. Solo se aparecemos a los seres ahí en tiempos infrecuentes, para evitar la dominación total del Príncipe. Por lo tanto, será un mundo que exprese al Padre y exprese lo que es contra el Padre. En el fin, todos entenderán la verdad y el Padre. ¿Quieres esta explicación? ¿Estás preparado para empezar?”

“Sí. Yo y los malaakim estamos preparados” le dijo el General.

“Muy bien”.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

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