El otro güey (el vigésimo quinto capítulo)

Hola, maestro. Estoy escribiendo en el jardín de mi padre en Destin, Florida. Estoy en los Estados Unidos. Vine a conseguir mi vacuna del COVID y a hacer los preparativos para viajar a Europa e Israel en el otoño. Gracias al COVID no es fácil viajar hoy en día. No me había dado cuenta de eso porque solo había estado viajando entre México, donde tengo residencia, y los Estados Unidos, donde tengo ciudadanía. Pero en Europa solo seré un turista extranjero más y en Israel un gentil. Hay demasiadas incertidumbres y dificultades. Me imagino que, si yo no fuera un soldado retirado soltero, me habría sido imposible realizar los trámites necesarios para viajar.

Sí, maestro, mi querida Mayra no es mi novia. Bueno, podemos decir que parcialmente lo es. Hace unos meses decidimos separarnos, más que nada por mi decisión de regresar a Israel. Aunque, por supuesto, después de separarnos seguimos pasando tiempo juntos y con el tiempo nuestra relación, básicamente, volvió a ser la misma que teníamos antes. La única diferencia es que no sabemos cuándo regresaré, si es que lo hago.

Un largo viaje a Israel o posiblemente una estancia permanente es la solución que insinué en mi correo anterior al problema de que no podía ponerme cómodo en México y no podía olvidar a la chica electroquímica. En lo referente a la chica, te he dicho mil veces que no entiendo el asunto para nada.

Obviamente tengo una obsesión, ¿o es un amor? No puedo distinguir la verdad de la fantasía. Solo puedo hacer conjeturas. Claro que ahora estarás pensando que mi solución será ir a Israel para acosar la muchacha de nuevo. No. Ya pasaron mis días de demente. En mi Facebook y en mi blog ya tiene muchos poemas y cuentos cortos. Si quisiera contactarme, nada se lo impediría.

No he dejado de amarla y siempre querré tener un diálogo con ella, pero es más que evidente que no quiere comunicarse conmigo. ¿Qué más puedo hacer? Hay una canción de Sting que dice: “Si amas a alguien, ponla en libertad”. Esta es mi perspectiva.

Guarda tu decepción, maestro. Hay mucho amor en esta historia, pero es un amor no correspondido. Nunca te prometí un cuento de amor. Te dije que sería un cuento sobre la locura, la iluminación y el destino. Como ya has leído mucho de locura en mis correos, ahora intentaré abordar un poco la iluminación. Te daré una perspectiva espiritual, empezando con un poco de historia personal.

¿Te conté que no crecí en un entorno religioso ni espiritual? Me convertí en cristiano el primero de enero de 1995, después de una muy salvaje fiesta de año nuevo. Ese día recé “el rezo del pecador”, una plegaria a Dios en la que alguien ruega por su salvación. Los protestantes normalmente usan ese evento como una fecha de iniciación en la fe. Tenía veinte años.

Antes, en la prepa, busqué varias religiones y filosofías. Yo siempre he sido una persona espiritual, a pesar de que mi estilo de vida no tiene mucho que ver con la típica vida conservadora de las personas religiosas. Por eso, cuando hice trizas mi psiquis con el cristal, lo fundamental de mi personalidad fue el maniqueísmo y la batalla entre el bien y el mal.

Ya sabes que estudié judaísmo en la universidad y por nuestras conversaciones en el Café Madoka y otros lugares sobre yoga y medicación sabes que también he estudiado mucho las religiones orientales. Sin embargo, no recuerdo haberte contado que me uní al ejército para mantener a mi familia. Durante mis quince años en el ejército, una vez que hubiera terminado mi servicio en las fuerzas armadas, deseé iniciar una carrera en cualquier práctica espiritual.

El divorcio y toda la mierda con los áspides y la cámara estrellada y el TEPT me cambiaron mucho, pero si decidí hacerme monje no fue solamente para evitar a las mujeres. Seguramente has notado en mis varios versículos y, por supuesto, en mis conversaciones con demonios que la espiritualidad es algo importante para mí.

Naturalmente, siempre busco el significado espiritual en todas mis actividades. De esta gran historia he formado dos conclusiones. La primera es que no hay muchos cristianos en la tierra que tengan mi peculiar combinación de inteligencia y estupidez. Esa que viene con la actitud de un “cristiano liberal” que quiere explorar y experimentar cosas diferentes. No hay muchas personas espirituales que entiendan al diablo como yo. Y, debo decirte, maestro, que cuando alguien tiene mucha información sobre algo, puede predecir cosas.

Ya no he vuelto a mencionar mi cuento de El Único y El Príncipe. Ese que describe la situación entre el mesías y el diablo como una discusión sobre la naturaleza de la realidad. ¿Es el producto de la imaginación o es una historia escrita por un ser perfecto y eterno (Dios)? Estoy cierto de que esta discusión ocurre en realidad. Me lo confirman mis conversaciones con Chaz, Melinda, Haley y Marcus, entre otras cosas.

Con esto quiero decir que creo que puedo pronosticar actividades de seres espirituales en este mundo. Tengo la sensación de que mis aventuras en el ámbito de la implacable autodestrucción tuvieron como fin el regalo del don de la profecía.

Ahora debo aclararte lo que yo entiendo por “don de la profecía”. Un profeta considerarse como alguien que es capaz de interpretar cosas misteriosas. En la Biblia hay ejemplos de muchos profetas comunes y corrientes. En las épocas bíblicas, un profeta podía ser un pastor o un anciano. Hay referencias a decenas de profetas de Dios, como el gran profeta Elías, cientos de profetas paganos contra él y su cuadro.

De hecho, según mi comprensión, hay diferentes niveles de profecía y profetas. Por ejemplo: en una escala del uno al diez, los niveles que van del uno al tres serían los concernientes a pastores, sacerdotes y rabinos que alcanzan cierto nivel de sabiduría. Del cuatro al seis son los niveles que corresponden a los profetas de la Biblia que tienen sueños y visiones. Del siete al nueve está reservado para los profetas como Moisés y Elías, que hacen milagros y cosas así. Más arriba, en el diez, podríamos colocar a seres omniscientes como el mesías.

Yo creo que estoy en un nivel uno o dos. No pienso que tenga superpoderes como Moisés o Jesucristo. Solo uso la frase “el regalo de la profecía” en lugar de “soy sacerdote o pastor” porque no tengo iglesia y soy el líder de una comunidad y no tengo regalos como hacer discursos encantadores.

Mi ventaja no es otra que la de haber tenido experiencias inusuales que me han provisto de ideas raras. Considero que estas ideas me han dotado de cierto tipo de conciencia, una forma de iluminación. No recomiendo que fumes una montaña de cristal para volverte un profeta, maestro. Probablemente morirás o pasarás el resto de tu vida en un hospital. Yo he tenido una suerte increíble. Solo te digo que quiero hacer algo con estas ideas, que han sido el resultando de mi descomunal idiotez.

Hay un inglés que se llama Russell Brand, un actor que tuvo problemas con las drogas y el sexo, y que se volvió escritor de temas espirituales. Él dijo algo interesante: “La mayoría de las experiencias de conversión, de cualquier forma, involucran un común denominador: el colapso del ego”.

Por eso tomo el riesgo de describir mi interpretación de esta historia con palabras como “profecía”. Acabo de mandarte más de veinte correos sobre drogas y adolescentes imaginarias y ahora estoy escribiendo sobre profecías. Al leer de esto no sé si estés riendo o llorando, tal vez solo estés mortalmente aburrido y asqueado.

Quiero aclarar que no soy ninguna especie de profeta. No quiero que nadie me trate como un profeta. No quiero que alguien salte de un precipicio porque yo dije algo en el internet. Y no quiero que nadie me trate como un loco demente porque creen que yo me considero un profeta.

Además, no hablo como profeta. Nunca he experimentado ningún sueño en el que “la palabra de Dios venga a mí y me diga…”.

Yo digo cosas que sé no son verdaderas para comunicar verdades. Por ejemplo, hay algunos versículos en la Biblia que mencionan estrellas que caen del cielo y montañas de Dios que afligen la tierra. Varios cristianos interpretan que un asteroide golpeará la tierra en los últimos días. No sé si estas interpretaciones tienen algo que ver con la realidad. Pero en mis indignantes publicaciones en las redes sociales constantemente menciono asteroides que chocan contra la tierra. No tengo la voz de un profeta. Soy un hombre literario. Soy poeta y escritor. Uso arquetipos literarios, lugares comunes. Cuando quiero evocar la imagen de un Dios que castiga la tierra, invento cuentos sobre asteroides y mierdas así.

No me ilusiono con ser un profeta. Ya tengo demasiadas ilusiones. Solo quiero decir que he tenido experiencias raras que me han provisto de opiniones, perspectivas y, en algunos casos, de conciencia. Estos temas tienen mucho que ver con ideas espirituales y filosóficas, pero yo no tengo nada que ver con ninguna iglesia o cultura religiosa.

Mi separación de la cultura religiosa no solo se debe a mis experiencias con Harold van Ouwerkerk. Es mucho más antigua. Asistí a varias iglesias en el ejército. Según mi experiencia, la gerencia de las iglesias es miope y corta de luces. Algunas veces intenté servirles y los pastores nunca supieron en qué podría serles útil.

De hecho, una vez llamé a un obispo y le dije que era un soldado retirado y que podría trabajar para él, completamente gratis, en servicio a la iglesia y Dios. Me dijo que no tenía nada para mí. Al parecer no quería que nadie limpiara los inodoros de su catedral totalmente gratis

Cuando tuve el problema con Harold, consulté al rabino mesiánico de la sinagoga. Me dijo que Harold era alguien importante en la comunidad y que yo debía tener distancia. El mesías dijo que debemos honrar al pobre y al desconocido, y no mostrar favoritismo. Dijo que los ricos y poderosos deben ser humildes; pero el rabino me dijo que debía alejarme del rico al que le resultaba desagradable.

Pero ya me he quejado mucho de la iglesia. Ahora debo acabar mi historia. Solo quería enfatizar que quiero relatar mis experiencias extrañas, no como pastor, sacerdote o clérigo, sino como un simple campesino.

No sé con precisión lo que quiero hacer. Ya tengo mi dinero, y por el TEPT es muy difícil completar un día de trabajo, entonces probablemente escribiré cosas, haré podcasts, videos en YouTube, no tengo idea. Tengo muchas ideas sobre extraterrestres, dioses, el diablo, hechicería, superhéroes, conspiraciones y otras cosas que podrían enseñar a alguien sobre la vida y el alma humano.

No tendría problema en ser un escritor o un personaje de YouTube en México. Tampoco tendría problema si quisiera comunicarme con estadounidenses, alemanes o israelíes. Lo irónico es que nada de esto tiene que ver con la chica electroquímica. Entonces, ¿por qué vergas es tan importante?

De acuerdo. Si continuamos con la metáfora del profeta, la historia de Jonás puede ser ilustrativa. La mayoría de los mexicanos conoce su historia con la ballena. Jonás era un profeta que tenía una misión en la ciudad Nínive. Pero era testarudo y odiaba esta ciudad, así que tomó un barco en la dirección opuesta y se fue a Tarsis, España. Por obra y gracia de Dios, hubo una tormenta y la tripulación lo lanzó al mar, una ballena se lo tragó y lo escupió en Israel. Fue divinamente obligado a cumplir su misión en Nínive.

Como Jonás, yo también he intentado escapar de mi misión. Israel es mi Nínive y México es mi Tarsis. La chica electroquímica es mi ballena. Otra vez, insisto, no es que quiera ir a Israel para molestarla. Ella no quiere nada que tenga que ver conmigo. Lo sé. No obstante, es una parte significativa para entender mi incapacidad de continuar mi vida en Tarsis, o sea, en Guadalajara.

La chica electroquímica me ha provisto de algo que no puedo olvidar. Algo que no he podido resolver. Supongo que existe una remota posibilidad de que haya algo entre la Noah van Ouwerkerk real y yo, aunque solo tenga una lista de canciones con la que sostuve un diálogo. Absolutamente todo lo demás indica que me odia. No ha hecho nada más que bloquearme, quejarse de mí con la policía y decirme que soy un asco. Pero sí, existe la posibilidad de algo haya pasado.

Sin embargo, si simplemente estoy inmerso en una psicótica fantasía, la situación sigue siendo extraña, incluso más. Me fui de Israel, según los planes del diablo, pero después llegaron a mis oídos canciones de Israel que decían:

  • Te extraño.
  • No soy feliz sin ti.
  • Te espero.
  • Te amo.
  • Tienes lo que necesito
  • Solo tú me entiendes.
  • La vamos a pasar bien juntos.
  • No te preocupes por la policía.
  • Regresa pronto.

Si las canciones no eran de parte de una joven mujer en Israel, puedes imaginar que aun así las canciones tenían un mensaje relevante. Posiblemente una fuente espiritual usaba a la chica en sus canciones para contarme algo. Quizá la chica electroquímica no es Noah van Ouwerkerk. Quizá la chica electroquímica es Israel. Con la ausencia de suficiente información, esta será mi interpretación.

Aquí quiero describir algo importante. Recuerda el cuento de El Único y El Príncipe. De nuevo, El Príncipe dice que la realidad es solo un sueño de nuestra imaginación. El Único dice que la realidad es un cuento hecho por Dios. Revisa mi vida como si fuera un cuento:

¿Por casualidad estudié judaísmo en la universidad y mis maestros me trataban como a un genio? ¿Por casualidad aprendí todos los idiomas de Israel en el ejército? ¿Por casualidad lo hice por para acompañar a mi hija en sus viajes? Y a mi llegada a Israel el diablo me atacó contra mi vulnerabilidad más grande: acusaciones de mujeres. Después de Israel el diablo me atacó con drogas en incomprensibles eventos que tuvieron como fin alterar mi concepción de la realidad: del punto de vista de El Único al de El Príncipe. Finalmente, no pude evitar sentirme incómodo mientras intentaba empezar una vida nueva en México, a pesar de haber encontrado a la mejor novia de mi vida. Y, por si fuera poco, mientras todo esto ocurría, no dejé de escuchar las canciones que venían de Israel con palabras que decían “te amo” y “regresa pronto”.

Déjame explicarte cómo es que normalmente se lleva a cabo el llamado de Dios. Este fenómeno es muy común en la cultura religiosa. Las personas que lo reciben por lo regular no pueden distinguir entre ese “llamado” y sus deseos personales. Un pastor que “siente que Dios lo llama” para ir como misionero a una isla del Pacífico a evangelizar a los indígenas suele decir que lo hace por mandato divino, aunque, en mi opinión, puede que solo tenga ganas de ir y ya. Es así de simple.

Asimismo, estamos acostumbrados a escuchar este ridículo diálogo, muy propio de la cultura religiosa.

Lupita: ¡Pablo! ¡Tira la basura!

Pablo: Mi amor, Dios me ha hablado y me ha pedido que me quede aquí para ver el partido fútbol. También me dijo que deseaba que tú la tiraras.

Sin embargo, normalmente las misiones de Dios no tienen nada que ver con los deseos ni mucho menos con los caprichos de las personas. Hace poco te conté la historia de Jonás, el cabrón que no quería ir a Nínive y se lo tragó una ballena, etc. Otro ejemplo es Moisés, un anciano de ochenta años que malvivía olvidado en un desierto. Fue desterrado allí, acusado de asesino. Lo echaron de Egipto en donde fue príncipe y todo eso. Ya conoces la historia. El punto es que en este momento de su vida Moisés se encontró con una llama de fuego que le hizo un encargo. No tenía confianza en sí mismo. No quería hacer nada. De manera que terminó por convencerse de que su misión era de Dios y no una ocurrencia personal.

Insisto en que no soy un verdadero profeta. Tan solo me inspiro en otros hombres simples —pero mucho más dignos que yo, por supuesto, ellos sí, ¡auténticos profetas!— que no tenían credenciales de clérigo o un alto cargo en una comodidad religiosa, pero que fueron elegidos como mensajeros de la sabiduría de Dios. Te confieso que mi santo patrono en mis años como anglicano fue Juan el Bautista. Él era un hombre sin conexiones sociales. De hecho, era un ermitaño que vino del desierto para traer la palabra de Dios. Naturalmente, su tarea le fastidiaba mucho, pero la cumplió. Cada uno de ellos es una inspiración para mí.

Juan el Bautista era un tipo de heraldo que anunciaba cuando las cosas estaban a punto de suceder.  No era el único profeta de este tipo. El Antiguo Testamento menciona que Elías regresará como un heraldo de los últimos días. El libro del Apocalipsis tiene los “dos testigos”, uno de ellos es Elías y el otro es desconocido. Además, los judíos tienen cuatro “heraldo-profetas”: Elías, El Sacerdote Recto, El Mesías Hijo de José y El Mesías Hijo de David.

Este arquetipo del heraldo-profeta me inspira mucho. ¿Recuerdas a mi amiga Juaísca? ¿Te acuerdas que te dije que habíamos creado un vocabulario propio para hablar de todas nuestras ideas locas? Inventamos una palabra que viene a cuento ahora. En el libro de Apocalipsis se menciona que Elías será un heraldo del fin de los tiempos y que tendrá un compañero desconocido. Nuestra manera para hablar de él era “el otro güey”. Esta era, en general, nuestro término para referirnos a un mensajero que no tiene credenciales o identidad.

Este tipo, el otro güey, es el patrón de mi inspiración. Supongo que soy una forma de misionero de Israel. Sin embargo, no soy un misionero común como puede serlo un pastor cristiano que quiere salvar a los judíos para Jesucristo; es decir, que desea convertirlos, como un Testigo de Jehová cualquiera. La Biblia dice que Elías iluminará a los judíos. Ese no soy yo.

En los años noventa, cuando estaba en Alemania en la universidad, me enteré de que había treinta mil judíos mesiánicos (judíos cristianos) en Israel. Y más de veinte años después, a mi llegada a Israel, supe que en el país todavía había treinta mil. Durante mi estancia allí, siempre veía a los judíos ortodoxos en las calles y frente a las tiendas con sus panfletos intentando convencer los judíos seculares de embarcarse en la devota vida de un religioso, con los miles de decretos rabínicos sobre sus interpretaciones de cientos de mandamientos Bíblicos de la ley de Moisés. Pero los seculares odian a los religiosos porque el gobierno les paga por quedarse en el seminario toda su vida y hacer muchos hijos. Al mismo tiempo, los ortodoxos son los únicos judíos que no tienen que servir en el ejército. Pese a las concesiones del César, nadie quiere seguir el camino de Dios.

Maestro, estamos en una época de la historia humana en la que nadie escucha a nadie. Nadie tiene tiempo y siempre hay cosas demandantes, urgentes. Esta condición es general y no solo se aplica a la religión. Además, la espiritualidad siempre ha sido un tema difícil. No creo que esto vaya a cambiar, a menos que alguien venga con un láser conectado a su verga. Ya sabes, un ángel que dispara por ojos, boca y culo balones de fuego que abrasan todo lo que tocan.

Mientras no pase esto, maestro, mi misión será preparar a los judíos para que puedan reconocer a los obradores de milagros cuando los vean. Hoy en día nuestros conceptos sobre dioses, extraterrestres, profetas, magos y superhéroes están tan confundidos que, si el anticristo apareciera hoy, la población del mundo pensaría que es Tony Stark, el puto Iron Man. Si Elías se asomara, seguramente pensarían que es Thanos u otro culero salido de alguna película de Marvel.

Elías puede aparecer como un profeta anciano con una larga barba de plata o puede aparecer como un pequeño hombre verde que viene del planeta Marte. Pasa igual con el Anticristo. Él podría acusar a Elías de ser un invasor de otro planeta y nadie podría saber quién dice la verdad. Mi mensaje es que la única manera de distinguir al equipo bueno del malo es por medio de sus palabras. Los hombres malos siempre dicen que la verdad es lo que imaginas. Los hombres buenos dicen que eres el personaje de un cuento que ha sido escrito por una inteligencia y un amor ilimitados, que tienes que descubrir cuál es tu personaje y cuál es tu destino.

Hay otras doctrinas y otras filosofías que podría mencionar aquí, pero este no es un libro para eso. Sin embargo, sí te reitero que la distinción entre la realidad creada por la imaginación y la realidad que ha sido escrita por un ser superior es fundamental en todo esto. Este es mi mensaje para ti.

Con esto, amigo, presiono “mandar” y termino esta historia. Como dicen los vaqueros de Texas “Vaya con Dios”.

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