La última chispa (el vigésimo tercero capítulo)

Hola, maestro. Estoy aquí esperando a que llegue la hora para tomar tu clase de yoga. Por lo mismo, no tengo tiempo para empezar este correo sobre La chica de fuego. Ya te he escrito sobre ella. Te he dicho que es mi alma gemela, que la amo, que es una persona muy importante para mí. También te he contado sobre cómo me ayudó a arruinar mi carrera militar en el 2010.

Para variar, hoy tengo otra historia en la que ella —mi prima— se comporta como una perra. Pero antes tengo que recapitular un poco su historia, no quiero que simplemente pienses que es una culera y nada más.

Este correo probablemente será triste, pero al menos será corto. En todo caso, mientras lo lees, no olvides que esta mañana tuve una conversación muy agradable con ella. Al día de hoy somos amigos, pero el tema principal de este correo es la deserción. Por eso lleva por título: La última chispa. Lo siento, el correo anterior sobre el hermano de la chica electroquímica también fue decepcionante. No me gusta ahogarte con cartas de tristeza y de quejas, pero es necesario que te explique cuál era mi situación en el verano de 2020. Solo así podré darle un final a esta narrativa demencial que es mi vida.

Bueno, ahí va la historia entre Skyla Edwards, La chica de fuego, y un servidor.

Como sabes, ella es mi prima, es la hija del hermano de mi padre. Tiene un año menos que yo. Nos conocimos cuando yo tenía ocho años y ella siete. Siempre tuvimos una conexión fuerte. Durante nuestra juventud nos veíamos cada año o dos. Cuando ella tenía 16 años tuvimos un romance, pero no duró mucho. La familia lo descubrió y nos separaron inmediatamente.

Desde entonces no pudimos interactuar como antes, con libertad, como queríamos. Teníamos que vernos a escondidas. Por eso —puedes imaginar, maestro— no me gusta cuando me dicen que “tengo prohibido hablar con ella”.

Justo cuando terminó la preparatoria, La chica de fuego se embarazó de un imbécil cualquiera en New Braunfels, Texas. En lo que a mí respecta, había dejado trunca la preparatoria y —después de vagar un año por las calles y antros de Dallas— me uní al ejército. Estaba a punto de irme para empezar mi entrenamiento básico cuando supe que Skyla estaba esperando un bebé. Dado que ya éramos adultos, le propuse matrimonio, pero la presión de la familia la obligó a rechazarme. Además, había encontrado a un abogado que todos querían que fuera su esposo. Naturalmente, se casó con él.

El matrimonio no funcionó y después comenzó a trabajar como stripper. Allí encontró a Magdi, un millonario egipcio que fue su segundo esposo. Con un trabajo así, para el exesposo abogado —de hecho, era uno de los abogados oficiales de Texas— no fue difícil quitarle la custodia del hijo, aunque él no fuera el padre biológico.

La chica de fuego se deprimió mucho. Y como Magdi no quería otra cosa que no fuera tener una vida de fiestas salvajes con una esposa stripper, no soportó verla en un estado tan escasamente afrodisiaco. Se divorciaron y ella volvió a los clubes. Después encontró a Dean, su tercer esposo, que era un inglés adicto a la heroína. Y sí, maestro, mientras Dean se inyectaba heroína en diversos hoteles de Phoenix, ella pasaba los fines de semana en cabañas lejanas, atendiendo las arrugadas vergas de algunos viejos ricos.

Eventualmente, Dean murió en un hotel cualquiera por una sobredosis de anfetaminas. Creo que en un correo anterior te mencioné de aquella vez que me rehusé a tomar la inhalación fatal de cristal. Esa del hotel barato en compañía de Melinda, Marcus y el negro. No quería ser para Skyla otro recuerdo como el de su esposo Dean.

Skyla volvió otra vez a su vida de stripper. Así estuvo algún tiempo hasta que encontró a Simon, su esposo actual. Después ella se convirtió al cristianismo y su vida encontró un rumbo diferente. Al final de cuentas, Skyla, más que cualquier otra cosa, quería ser simplemente una esposa típica y una mamá.

Mientras ella estaba casada con su primer esposo, me uní al ejército y —después de algunos años salvajes— también me convertí al cristianismo y me casé con una mujer de mi iglesia.

Ya convertida en mi esposa, en 2000, me prohibió hablar con toda mujer que hubiera tenido cualquier tipo de relación conmigo, incluyendo a algunas personas de mi familia.

 ¿Puedes imaginarlo, maestro?

—Cuando tenía cinco años le enseñé mi pene a mi hermana.

—¡Te prohíbo que le hables!

¿Ves por qué odio la frase: “No puedes hablar con ella”?

Con mi ahora exesposa de por medio las cosas funcionaron así durante al menos una década. Creo que no volví a ver a Skyla hasta el funeral de mi abuela en 2001 y no crucé palabra con ella hasta 2010, durante mis últimos años en el ejército, cuando ella misma me reportó por acoso.

Creo que lo de arriba es básicamente una recapitulación de cosas que ya te había comentado en correos anteriores. Pero la historia continúa. En 2016 decidí contactar a Skyla otra vez. Y esta vez no me rechazó. De hecho, todo lo contrario. Me confesó que me amaba, que siempre había sido así. Me dijo que había tenido muchas dificultades para escapar de la vida del strip club y establecer con sus dos hijas y su esposo una cómoda vida en Inglaterra. Pero finalmente logró su sueño.

Me explicó que había tenido miedo de contactar a alguien con quien había tenido un romance. Temía la reacción de su marido. Skyla ama los secretos. Ya que los hombres en su familia son de personalidades muy fuertes, las mujeres siempre tienen que evitar que los hombres descubran todo.

El punto es que restablecí contacto con La chica de fuego después de diez años, tiempo durante el cual ella le dijo a todos que me odiaba. Pero no era cierto. Me amaba y solo tenía miedo de su esposo. Aunque al ejército y a toda la familia les dijo repetidas veces que no quería saber nada de mí, no pudo engañarse.

Entendí y le perdoné todo. Estaba feliz de tener a mi alma gemela de vuelta en mi vida. Retomamos nuestra vieja amistad. Obviamente ella no quería que su esposo supiera nada, de manera que solamente nos vimos una vez en persona, gracias a que por casualidad los dos nos encontrábamos en Phoenix a la misma hora y en el mismo lugar.

Sí, maestro. Tengo experiencias con mujeres jóvenes. Sé lo que es amar a mujeres que no me hablan por largos periodos. Por eso detesto la frase: “no puedes hablar con ella”. Y para colmo, me cuesta creer en la honestidad de alguien que dice que me odia: la receta perfecta para amar fatalmente a Noah van Ouwerkerk.

Durante 2020, ya en México, intenté contactarla más de lo normal, especialmente durante los larguísimos meses del verano COVID. Lo hacía al menos una vez a la semana. Siempre le hablaba sobre México, Israel, las drogas y el significado de la vida.

Eventualmente, la chica me dijo que tenía que hacer un receso de nuestras conversaciones. Y no mentía. Dejó de responder mis mensajes o tomar mis llamadas.  Solo, ocasionalmente, me daba algunas pálidas señales de interés. En seis meses me escribió una sola frase: “Aún estoy aquí”.

Te confieso, maestro, me sentí abandonado por ella. Aunque ahora entiendo mejor su perspectiva. Después de que me hiciera saber que no podía continuar conversando conmigo, tuvo varios problemas, incluso estuvo muy enferma durante algunos meses. Reconozco que abusé de su amistad, le llamé demasiadas veces. Por aquel entonces su ausencia me causaba un dolor insoportable.

Después mi dualidad misógina se ocupó de las mujeres de mi vida, perdí la esperanza de que me comprendieran. La chica electroquímica volvió a mi mente, pero esta vez me convencí de que alguien que no quería hablar conmigo era porque no me amaba. No me amaba como amante, como amigo o como extranjero, en el sentido bíblico[1]. Ni siquiera me amaba como a un enemigo. Me quedó claro que quien se rehúsa a hablar conmigo es porque me abandona, de modo que abandoné toda esperanza de volver a saber algo de la chica electroquímica.

Mi decisión se basó fundamentalmente en mi enojo y decepción, pero aproveché este nuevo distanciamiento con prima para afrontar el hecho de que la muchacha de Israel nunca había estado en mi vida. Maestro, no puedo describirte qué tanto necesitaba recibir noticias de la chica electroquímica.

No es fácil verbalizar mi deseo de hablar con la muchacha holandesa, pero puedes imaginarlo. He recapitulado mucho en este correo y no quiero contar toda mi historia otra vez, pero sólo tienes que contemplar lo que he escrito. Fui a Israel para recibir un ataque frontal contra mi mayor debilidad: mi incapacidad de aguantar que la gente me trate como un acosador, resultado de mi TEPT y mis experiencias en el ejército. Tomé drogas y encontré cosas sobrenaturales y al mismo tiempo mamé la teta de la locura absoluta. Mantuve una apasionada y profunda relación con la lista de canciones de una mujer joven con quien no intercambié ni una palabra, todo antes de que inhalara mi primera nube de humo de cristal. No tenía ni idea de qué era real y qué no. Mi salvación debía venir de la amistad con la chica holandesa, pero no recibí ni siquiera un susurro.

El año anterior había perdido la cordura. Había experimentado muchos estados, diferentes expectativas sobre los límites de lo posible y lo real. Poco a poco estaba regresando a mí. Los físicos dicen que el universo tiene cuatro fuerzas primordiales: la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil, la gravedad y la fuerza electromagnética. Son las leyes del mundo material. Yo tengo una más. La fuerza que ejercen las mujeres en mí. Ellas hacen lo que quieren conmigo, lo que siempre resulta en mi completa destrucción. Actúa como una ley universal sobre la cual no puedo oponer ninguna resistencia.

Absolutamente perdido, no tenía idea de cómo continuar mi vida sin respuestas ni socorro. Durante la época de COVID, México no era muy diferente a Israel. Todos estaban con sus familias y sus amigos, pero yo estaba solo en un país diferente y no podía encontrar un rastro de propósito. Bajo estas condiciones busqué y encontré a Mayra Arroyo, mi novia. Y te diré todo sobre esto en mi próximo correo.

Te veo pronto, maestro.


[1] Al extranjero no maltratarás ni oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto . A la viuda y al huérfano no afligirán . Si los afliges y ellos claman a Mí, ciertamente Yo escucharé su clamor , y se encenderá Mi ira y a ustedes los mataré a espada, y sus mujeres quedarán viudas y sus hijos huérfanos .

Leave a Reply