Los áspides (el undécimo capítulo)

Antes de contar mi historia personal de TEPT en el ejército, tengo que explicar algunas cosas relacionadas con la psicología en el ejército, específicamente durante el tiempo después de mi segundo año en Irak. En primer lugar, es importante reconocer la diferencia entre la psicología privada y la psicología institucional. La psicología privada es cuando un civil le paga a un psicólogo por su servicio. La psicología institucional es cuando una institución, por ejemplo, una prisión, un ejército o una compañía utiliza psicólogos para sus empleados, soldados o presos, etc.

Cuando una persona paga a un psicólogo por su ayuda, el psicólogo quiere ayudarle al cliente. Cuando una institución paga a un psicólogo por su ayuda, el psicólogo quiere ayudarle a la institución. Esto debe ser obvio, pero hay demasiados soldados que creen que los psicólogos del ejército realmente desean ayudarles. He sufrido mucho en mi carrera militar: rifles, granadas, bombas y terroristas muy malos, entre otras cosas. Sin embargo, los psicólogos del Ejército de los Estados Unidos de América son por lejos la desgracia más peligrosa que un soldado pueda encontrar.

De hecho, en segundo lugar, está la clínica en Monterey California, donde se localiza el Defense Language Institute. Allí aprendí ruso después de mi segundo año en Irak. En esta institución había tres psicólogos, pero durante el tiempo que estuve ahí solo a una psicóloga le estaba permitido interactuar con los soldados. Los dos otros psicólogos fueron suspendidos. Había un abogado civil en la región a quien no le gustaban los métodos profesionales de los trabajadores de salud mental de la clínica.

Entiendes, maestro, que la tarea de los psicólogos en el DLI era solo determinar si los estudiantes que tenían problemas psicológicos podían continuar con el curso de su idioma o no, y si no, si el ejército debía pagar por las heridas mentales de tales estudiantes. La mayoría de los estudiantes eran muy jóvenes, típicamente tenían dieciocho años. Habían acabado de terminar el entrenamiento básico. En general los psicólogos sencillamente devolvían a los soldados a sus clases o les diagnosticaban trastorno de personalidad para echarlos del ejército sin un solo centavo. No había ningún tratamiento verdadero en la gran mayoría de los casos.

Un trastorno de personalidad es un diagnóstico que recibe una persona que no puede funcionar en la sociedad, básicamente porque es un cabrón. No tienen traumas o trastornos atribuibles a un evento. Simplemente son hijos de puta.

Las personas jóvenes que reciben este diagnóstico no pueden defenderse alegando que antes habían tenido una larga historia de trabajo “normal”. No olvides, maestro, esta es la diferencia: Un hijo de puta que funciona en la sociedad, es un ciudadano. Un cabrón que no puede funcionar en la sociedad tiene un trastorno de personalidad.

En el ejército, el problema con los diagnósticos espurios de trastorno de personalidad se había vuelto tan ubicuo que el gobierno tuvo que prohibirlos hasta que las evaluaciones descartaran plenamente otros diagnósticos. Aparentemente, esta política fue el resultado de las operaciones en el Defense Language Institute. Tenga en cuenta, maestro, que entonces como ahora la mayoría de los estudiantes en DLI son soldados de entre 18 y 22 años. No tienen mucha experiencia en la vida. Para obtener un diagnóstico de trastorno de personalidad alguien debe tener muchos problemas en prácticamente todas las áreas de la vida. Pero alguien que solo tiene 18 o 22, años no puede demostrar tan fácilmente que antes del ejército su vida no era un completo desastre.

Fue así que, en un momento dado, un soldado con problemas con los psicólogos del DLI contrató a un abogado para ayudarle y este encontró MUCHAS anomalías con la atención psicológica que se brindaba a los soldados. Daban diagnósticos que contradecían los resultados de las pruebas psicológicas que habían aplicado. Daban diagnósticos que no cumplían con los requisitos del manual de diagnóstico para psicológicos en los Estados Unidos, el DSM IV. Debido a que el abogado estaba descubriendo tantos problemas en la clínica, los directivos comenzaron a preocuparse mucho.

Lo último que hay que en cuenta es que la clínica en DLI es una organización subalterna del Western Regional Medical Command, que a su vez tiene su oficina central en el hospital en Joint Base Lewis-McCord, en Tacoma, Washington. Ese hospital tiene sus propios problemas.

Durante la guerra en Iraq la tasa de suicidios fue muy alta, por supuesto. Aunque la mayor de todas fue la de Joint Base Lewis-McCord. Tan sólo en esta base hubo más que en el resto combinadas. Uno de los suicidios de esta base fue el de un Ranger, cuya esposa anunció a las noticias que la causa del suicidio no había sido la guerra, sino los psicólogos del ejército. Los Rangers son los héroes de los soldados, las élites de la infantería. El comentario de esa esposa tuvo repercusiones.

Además, se dio a conocer en las noticias que un psiquiatra de Joint Base Lewis-McCord, de hecho, uno de los profesionales de salud mental que arruinaba mi carrera y mi cordura, solicitó en una cita de empleados no dar más diagnósticos de TEPT, porque cada diagnóstico de TEPT le costaba al ejército 1.5 millones de dólares en beneficios para el soldado.

Como resultado, más de doscientos soldados que eran pacientes del hospital mandaron sus documentos a médicos del Walter Reed (el hospital más grande del gobierno y el hospital del presidente de los Estados Unidos) y ganaron sus reevaluaciones. Los diagnósticos de más de cien soldados fueron cambiados en general de Trastorno de Personalidad a TEPT. No hace falta decir que los psicológicos de Joint Base Lewis McCord estaban a también muy pero que muy inquietos.

Hay otra cosa que tienes que entender acerca del ejército, durante mis años de servicio. Esto no tiene nada que ver con psicología. Durante aquella época, las mujeres no podían servir en todas las ramas ni en todos los equipos del ejército. No podían ser soldados de infantería o de artillería, ni podían operar ningún tipo de tanque. Tampoco podían servir en equipos de combate en un escalón más abajo que la brigada. Es decir, no había mujeres en platones, compañías o batallones de infantería, artillería o de arma blindada.

Por eso hay más mujeres en algunas partes que en otras. Actualmente, 15% de los integrantes del ejército son mujeres, pero en aquel entonces, en los equipos de infantería, por ejemplo, solo había quizá entre 2% y 3%, aunque en los equipos de policía militar o con los ingenieros tal vez había 15% (que aunque no son servicios de combate, también son algo “machos”). Por su parte, los equipos de logística o financieros contaban en sus filas con 30% o 40% de mujeres.

No olvides, maestro, mi rama de servicio era la inteligencia militar. Cuando se trata de mentiras y hacer cosas a las espaldas de otros, las mujeres son muy talentosas. Naturalmente, hay muchas mujeres en la inteligencia militar. De hecho, hay cierto equipo llamado “la brigada de vigilancia del campo de batalla”, que en absolutamente ninguna circunstancia se encontraría en combate, por consiguiente, tales equipos tenían muchas mujeres. De hecho, es posible encontrar batallones en los que solamente había oficiales mujeres. Maestro, desafortunadamente me encontré en semejante batallón. Fue el último equipo de mi carrera.

Una guerra. Una esposa loca. Un hospital inmoral de paranoides psicólogos criminales. Un batallón de oficiales mujeres. Habría preferido pasar mis últimos días en un hoyo repleto de áspides. Maestro, lo que intento decir es que, si volverse loco es ya de por sí problemático, hacerlo en el lugar incorrecto puede ser en verdad jodidamente enloquecedor.

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